El Monumento de Semana Santa de Villahermosa

Villahermosa

En la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción, en Villahermosa (Ciudad Real), se conserva un excepcional Monumento de Semana Santa: un gran retablo efímero compuesto por bastidores y lienzos pintados que se instalaban para los oficios del Jueves Santo y envolvían la Reserva Eucarística. Nacido en el clima devocional de la Contrarreforma, combina el manierismo tardío con la teatralidad barroca de las “arquitecturas fingidas”: columnas, balcones y arcos en perspectiva que, como si fuesen bambalinas de teatro, construyen un espacio ilusorio ante el altar y guían la mirada del fiel hacia el centro del misterio. El programa iconográfico recorre episodios de la Pasión —Oración en el Huerto, Ecce Homo, Flagelación, Despojo de vestiduras, Última Cena, Lavatorio—, concebidos con un lenguaje directo y pedagógico para propiciar un diálogo íntimo entre la imagen y el espectador. Su carácter desmontable, la secuencia de planos y la profundidad lograda con recursos pictóricos revelan un notable dominio de la escenografía sacra.

Con las reformas litúrgicas del siglo XX el montaje dejó de usarse con su función original, pero el conjunto fue objeto de cuidados y restauraciones que han permitido su conservación y su lectura patrimonial. Hoy parte de los lienzos puede admirarse de forma estable en la propia iglesia, integrados en el recorrido devocional —con piezas destacadas en el coro, la Capilla del Santísimo y el presbiterio—, mientras que cada Semana Santa la Hermandad de Jesús Nazareno, con la colaboración vecinal, mantiene viva la tradición mediante una réplica del antiguo despliegue. Por su rareza, escala y calidad, el Monumento de Villahermosa es un testimonio singular de la escenografía barroca aplicada al culto y enriquece el conjunto monumental de la localidad, en diálogo con la potente arquitectura gótico-flamígera del templo. Una obra pensada para emocionar y enseñar, que hoy nos permite entender cómo el arte transformaba el espacio litúrgico durante los días más intensos del calendario cristiano.