Arquitectura vernácula

En los silenciosos paisajes del Campo de Montiel, las antiguas construcciones como cortijos, quinterías, chozos y molinos se erigen como testigos mudos de una época en que pastores y agricultores moldeaban la tierra con sus manos, reflejando en piedra y adobe la esencia de una vida rural arraigada en tradiciones ancestrales

Cuando en el pasado no existía una agricultura mecanizada la mano de obra humana en el campo era numerosa. Asimismo, cuando no existían las fibras textiles era la ganadería ovina la que se encargaba de proporcionar la mayor parte de la materia prima a los telares. Por eso pastores y agricultores nunca sobraron en estas tierras. Hoy, en recuerdo de aquellas actividades, quedan numerosas construcciones campestres que servían a esas gentes de refugio para cobijarse en los largos días de trabajo.

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El cortijo

El cortijo, construido en lugares de explotación agraria alejados de los pueblos. Eran grandes casas de campo que contaban con varias edificaciones dedicadas a la estabulación de ganado, la salvaguarda de aperos o paja, incluso a la residencia de la familia dueña de las tierras junto a su servicio. En la actualidad muchos han desaparecido, pero otros aún permanecen activos como ganaderías de reses u ovejas. Son de propiedad privada y su acceso esta restringido. Algunos de estos cortijos pueden verse aun hoy en los términos de Torre de Juan Abad y Villamanrique.

 

Casa de campo

De menores dimensiones que el cortijo, las casas de campo son eminentemente familiares. Se utilizaban principalmente para la explotación de tierras de cultivo de calidad alejadas de los núcleos de población. Solían estar en zonas de huertas junto a norias y árboles frutales, en ocasiones agrupadas unas cerca de otras. Eran edificaciones de planta rectangular y muy alargadas, compartida por la familia y los animales de labor. Algunas conservan hornos panaderos. Muy pocas siguen en uso.

Las quinterías

Hace años los trabajadores del campo no contaban con vehículos a motor para ir o volver al pueblo con rapidez y debían quedarse a pernoctar en el campo con cierta frecuencia (durante la siega, la vendimia, la aceituna…) junto con sus animales de tiro. Las quinterías tenían suficiente capacidad para alojar temporalmente a personas y bestias de forma conjunta. Están construidas con muros de tapial sobre zócalos de mampostería y cubierta de teja curva. Podían tener una o dos plantas, pero siempre una gran chimenea campera en la que se encendía una reconfortante lumbre y se guisaban comidas tradicionales, como las migas o las gachas. Unos poyos sobre los que se podía descansar completaban todo el conjunto. En la localidad de Torrenueva aún son abundantes.

El chozo

El chozo es un refugio artificial construido con el objetivo de proteger al agricultor o al ganadero de la noche y de las inclemencias del tiempo (frío o calores extremos). Son construcciones usadas en faenas de muy corta duración, como es el caso de las podas o paradas de pastores trashumantes. Por eso es frecuente que los chozos se encuentren junto a cañadas ganaderas o en plantíos de vid u olivo. Son construcciones circulares edificadas a base de lajas de caliza extraídas directamente de las roturaciones. Se disponen sin trabazón y con una interesante cubierta de falsa cúpula resuelta mediante aproximación de hiladas. Son muy comunes en la zona, concretamente en el Valle del Jabalón y en las proximidades de Villanueva de la Fuente, donde se les conoce por cucos.

 

El redil

El redil. Son grandes corrales cercados con anchos muros de mampostería ciclópea, sin más trabazón que el ripio. Servían para estabular el ganado lanar trashumante una vez llegada la noche. Por ello se situaban junto a viejas dehesas, próximos a cañadas y veredas pecuarias. Suelen contar con algún chozo adosado. Son muy interesantes los rediles perfectamente circulares que abundan, sobre todo, en el sur.

El majano

Son grandes amontonamientos artificiales de la piedra local, extraída durante la roturación del campo para ser apartada de la tierra de cultivo. En muchos casos han funcionado como fuentes de aprovisionamiento de materia prima para la construcción. Se encuentran dispersos por las líneas de parcelas de todo el territorio.

Molinos y batanes

 

Molinos y batanes. Los molinos son instalaciones dedicadas a la molturación del cereal. Para ello incorporaban una maquinaria que hacía mover las pesadas muelas de piedra, mediante la fuerza motriz del viento o del agua. Los molinos de viento son escasos en esta zona. Son de planta cilíndrica y se sitúan en lo alto de las colinas.

Los molinos de agua en cambio son mucho más numerosos. Se situaban próximos al cauce de los ríos que tenían un caudal más estable. Normalmente se apresaba el agua del río y se encauzaba por un canal o caz que conducía el agua al cubo, una gran cisterna que, llena de agua, permitía conseguir la presión necesaria para mover la muela.

Como casas de campo, en ellas vivían unidades familiares de forma estacional, sobre todo en las temporadas de otoño e invierno, cuando la cosecha había terminado y llegaban temporadas de lluvia. Por ello contaban con habitaciones destinadas a vivienda y cuadras. Hoy están en su mayoría abandonados y ruinosos, aunque algunos conservan toda su maquinaria original. Es el caso del Molino de Frías, en Torre de Juan Abad.

El batán se diferencia del molino en que su maquinaria está pensada para desengrasar y enfurtir paños. Están relacionados con la industria textil. Todos los de la zona utilizan la energía hidráulica y se concentran en el área de Villanueva de la Fuente.

Otras construcciones

En el campo también pueden encontrarse arquitecturas que han servido para muchas otras actividades. Así son las ventas, los colmenares o las caleras.

Las ventas, muy importantes en torno al camino Real de Andalucía especialmente en zonas serranas, eran paradas en los caminos que servían para el descanso de los viajeros y el aviado de los animales. Tenían la presencia de un pequeño cortijo, pero en su interior disfrutaban de unas extensas caballerizas.

Los colmenares se sitúan especialmente en zonas de pastos, con abundante matorral. Están formados por una cerca de tapial o mampostería que deja un corral abierto, donde se disponen los pies de colmena, y en ocasiones, una pequeña choza en la que se almacena la miel.

Las caleras son hornos circulares, horadados generalmente junto a un desnivel del terreno. En ellos se cocía a gran temperatura la roca caliza para ser utilizada después en el enjalbegado de las fachadas.