Historia
Este territorio ha sido una comarca muy conocida por su localización en el tránsito entre la Mancha y Andalucía. No es extraño, pues, que Cervantes colocara a Don Quijote en sus caminos, pero la arqueología ha demostrado que la antigüedad de estos campos va mas allá de lo que el autor de El Quijote podía imaginar.
De finales del Paleolítico inferior datan los primeros homínidos que colonizaron este territorio. En Arenales de Turra (Villanueva de la Fuente) existen materiales líticos de hace 700.000 años. Tiempo después, hace unos 100.000 años, los neandertales vagaron por el valle del Jabalón hasta que la última glaciación convirtió a estas tierras en un lugar frío e inhóspito.
No será hasta la Edad de los Metales cuando los hombres colonicen definitivamente la zona. Practicando la agricultura y la ganadería, la población se estabilizó en el territorio y comenzó a emerger el comercio. De unos pequeños enclaves humanizados dispersos, registrados en Cerro Ortega (Villanueva de la Fuente) y El Castellón (Villanueva de los Infantes) la población fue haciéndose más numerosa y se extendió por todo el área, optimizando los recursos naturales que esta proporcionaba. En el poblado de Castillejo del Bonete (Terrinches) podemos observar la necrópolis y numerosas estructuras que nos hablan de la compleja sociedad que estos hombres y mujeres desarrollaron hace más de 3.500 años.
Castillejo del Bonete (Terrinches)
Estas sociedades poco a poco fueron haciéndose más complejas y diversificadas hasta formar lo que hoy conocemos como cultura Ibérica. Alrededor del siglo VII a.C. surgieron los primeros núcleos urbanos, emplazados junto a importantes vías de comunicación. El oppidum de Mentesa Oretana (la actual Villanueva de la Fuente) controlaba el paso entre Levante, Andalucía y la Meseta Oriental. Por allí pasaba el camino más importante de la Hispania antigua: el Camino de Aníbal. La importancia de Mentesa queda atestiguada a partir de hechos tan relevantes como que este lugar no se debilitara en época romana. Mentesa alcanzará el rango de municipium con los flavios y llegará a ser sede episcopal con los visigodos. Hoy Villanueva de la Fuente es uno de los núcleos urbanos habitados desde más antiguo sin interrupción en esta provincia. Otros oppida se situaron en Almedina y Alcubillas. La localidad de Almedina, asentada en un espolón y con un trazado urbano actual que recuerda a estos oppida, ha proporcionado abundante material ibérico. Del entorno de Alcubillas proceden el fragmento escultórico de un toro, que perteneció a un monumento sepulcral, y el anillo de oro de un importante guerrero.
Los romanos consolidaron las viejas redes de comunicación. El mejor caso de vía romana conservada en la provincia discurre entre Terrinches y Montiel. Se trata de la Vía Augusta, una de las infraestructuras viarias más importantes del imperio romano. Asimismo se ha propuesto una adscripción romana para el Puente de Triviño (Villanueva de los Infantes). En torno a estas infraestructuras se levantaron las mansiones rurales de la época: las villas. Los restos arqueológicos encontrados en Puente de la Olmilla (Albaladejo) o La Ontavia (Terrinches) responden a estas grandes fincas de explotación rural o grandes instalaciones al servicio de las vías.
Puente de la Olmilla (Albaladejo)
Otros yacimientos de mayor tamaño, como el que se situaría sobre el casco urbano de Almedina, pudieron haber sido núcleos urbanos de los que desconocemos sus nombres de época clásica. La villa romana de Puente de la Olmilla, localizada junto al Camino de Aníbal en tierras hortícolas a las puertas de la Sierra del Relumbrar, ha proporcionado abundantes mosaicos de inspiración norteafricana. La villa vio caer el Imperio Romano y el advenimiento de los pueblos germánicos, quienes avanzaron por el camino histórico.
A pesar del empeoramiento de las comunicaciones en la Edad Media, la Vía Augusta siguió en uso. Prueba de ello es que los musulmanes fundaron junto a él el castillo de Albaladejo, topónimo que procede del árabe y significa “el camino”. Otros castillos que levantaron los musulmanes para defender el territorio del avance castellano y de la insegura Sierra Morena son los de Alcubillas, Terrinches, Eznavejor (Villamanrique) o Montiel. Mentesa o Almedina, cercados con murallas, permanecieron como núcleos urbanos fortificados.
A finales del siglo XII los castellanos habían tomado gran parte de La Mancha. La fundación de las Ordenes Militares había dado un gran empuje a la Reconquista, que solo se vio frenada con la llegada almohade a la Península y su victoria en Alarcos (1195) con la que los musulmanes recuperaron el territorio perdido. Quedó como único reducto musulmán el castillo de La Estrella (Montiel), que fue incorporado a la cristiandad más tarde, tras haber permanecido sitiado varios años.
Los cristianos se preocuparon por una rápida reorganización y repoblación del territorio.
La Corona encomendó a las Ordenes Militares esta tarea y separó los dominios de influencia de estas, aproximadamente por donde hoy discurre la N-IV. La parte oriental quedó para la Orden de Santiago y la Occidental para la de Calatrava. Mentesa, localidad fronteriza de los santiaguistas y del Concejo de Alcaraz, al este, soportó durante toda la Edad Media un largo pleito por ser controlada por ambos lados. Un pleito que provocó el debilitamiento de la villa y su refundación, con un nuevo nombre, que fue el de Villanueva de la Fuente para los santiaguistas y el de Villanueva de Alcaraz para los alcazareños. Bajo esta situación Montiel se erigió como nueva cabeza del Campo. El peso montieleño comenzó a despuntar gracias a los numerosos fueros que le fueron otorgando, entre los que se incluía la celebración de una feria anual. En todo el territorio se fundaron nuevas aldeas, algunas de las cuales se despoblaron pasados unos años. En Campo de Montiel se habla de la fundación de hasta cuarenta aldeas, muchas de las cuales no han llegado a estar presentes en la actualidad. Así lo son El Hinojo, cuyos habitantes pasaron a Terrinches; o Jamila, que se abandonó a favor de Villanueva de los Infantes. Otras aldeas, como Almedina, Terrinches o Fuenllana, consiguieron su independencia muy tempranamente. La influencia de las comunicaciones fue en muchos casos vital para el desarrollo de los pueblos, lo que se plasmó en el desarrollo de su entramado urbano. Así surgieron urbanizaciones alrededor de una calle ancha o de un cruce de caminos.
Castillo de la Estrella (Montiel)
El siglo XV fue muy favorable para los pueblos con abundantes tierras para la agricultura, buenas comunicaciones y alejados del dominio de los castillos. Villahermosa, Torrenueva y Villamanrique consiguieron Cartas Pueblas por los maestres de la Orden de Santiago. Los grandes alfoces de Montiel y Torre de Juan Abad se fragmentaron para dar cabida a estas nuevas villas. Incorporadas las Ordenes Militares a la monarquía los últimos pueblos de la comarca se independizaron endeudándose con la Corona mediante una cantidad en metálico. Así lo hicieron Puebla del Príncipe, Alcubillas o Cózar. Castellar de Santiago aldea fundada en 1545 por labradores venidos de la Serranía de Cuenca, se independizó en 1563 de Torre de Juan Abad, mediante el pago de 5.000 ducados.
El endeudamiento de las nuevas poblaciones impidió que su crecimiento fuese espectacular. Sólo Villahermosa, Villamanrique, Cózar y Almedina doblaron su población durante el siglo y superaron los 1.500 habitantes al finalizarlo.
El siglo XVII estuvo marcado por un profundo estancamiento demográfico y económico. Sin embargo, los pueblos siguieron buscando su autonomía mediante el endeudamiento. A mediados de siglo Villahermosa ganó cierta libertad política con respecto a Villanueva de los Infantes. La búsqueda de los mismos objetivos en Torre de Juan Abad endeudo a la población con la familia de Francisco de Quevedo y provocó la quiebra de las arcas municipales y la obtención, por parte del famoso escritor, de todo su término en señorío.
Pero los siglos XVI y XVII también fueron los siglos de Oro en las artes y las letras. Francisco de Quevedo mantuvo largas estancias en estas tierras y murió en Villanueva de los Infantes. De Fuenllana es natural Santo Tomas de Villanueva; y de Almedina el pintor Yáñez de la Almedina y el humanista Jiménez Patón.
La Escuela Infanteña de arquitectos, representada por Francisco de Luna y Francisco Cano, extendió su obra y estilo por toda la región.
Nª Señora de la Asunción – Escuela Infanteña de arquitectura (Villahermosa)
El estancamiento económico y demográfico continuó durante todo el siglo XVIII en Campo de Montiel, mientras que al oeste se observaba una cierta recuperación. Las nuevas redes de comunicación diseñadas por los Borbones intensificaron el transporte por la ruta de Valdepeñas y el puerto de Despeñaperros, dejando a un lado obsoletos los puertos del Viso del Marqués y Villamanrique.
También fue por este camino por el que los franceses se dirigieron a Andalucía durante la invasión napoleónica. Al paso de las tropas por Valdepeñas la localidad impuso una fuerte resistencia, que acabo con un baño de sangre por ambas partes y con la villa incendiada. Villanueva de los Infantes, en la retaguardia, acogió por varios meses la Junta Superior de La Mancha, la cúpula de la resistencia española en la provincia, eminentemente liberal. De hecho, allí se proclamó la Constitución de 1812 a nivel provincial. Sin embargo fueron las reformas liberales las que hicieron sucumbir a la localidad. Los efectos de la Desamortización y el desmonte de todas las instituciones del antiguo régimen destruyeron la influyente burocracia infanteña, que pasó a convertirse en una oligarquía terrateniente y conservadora.
Valdepeñas, en cambio, se vio muy beneficiada con la política liberal, que permitió la llegada del ferrocarril Madrid-Andalucía y destinar sus viejos comunales al cultivo de la vid. También el desarrollo comarcal en luz eléctrica, telégrafos o teléfonos comenzó a vertebrarse desde Valdepeñas. De este modo, a finales del siglo XIX ya no solo doblaba con creces a Villanueva de los Infantes en población, sino que además, era la ciudad más poblada de la provincia, incluso por encima de la capital.



